Translate

jueves, 9 de junio de 2011

-PASTILLA- Sentir miedo a morir durante un ataque cardíaco empeora el asunto.


Según un estudio, el nivel alto de ansiedad se relaciona con mayor inflamación

Según un estudio británico pequeño, las personas que sienten mucho miedo a morir durante un ataque cardíaco y en los días posteriores también parecen presentar más inflamación, un indicador de que a la larga podría irles peor que a los pacientes menos miedosos.

El hallazgo, publicado en línea el 1 de junio en European Heart Journal, "nos recuerda la conexión entre la mente y el cuerpo", comentó la Dra. Suzanne Steinbaum, una cardióloga preventiva de Lenox Hill Hospital en la ciudad de Nueva York.

"Este ensayo revela que cuando los pacientes tienen tanto miedo, la inflamación aumenta y disminuye la variabilidad de los latidos cardíacos, lo que podría causar malos resultados. Por lo tanto, deben abordarse no solo los problemas corporales sino también los mentales", comentó.


El Dr. Robert Gramling, profesor adjunto de medicina de familia de University of Rochester Medical Center en Nueva York, agregó: "Esto y la vasta literatura relacionada con las emociones y las interacciones mente-cuerpo confirman que la comprensión de la respuesta emocional de las personas interactúa con los mecanismos biológicos. Creo, sin duda, que atender las emociones es de suma importancia, no solo para el bienestar de la salud mental y emocional de la persona sino también para la salud física y, tal vez, incluso para la evolución del infarto del miocardio [ataque cardíaco]".

Se hicieron cuestionarios a pacientes con cardiopatías, tres semanas después, los investigadores visitaron a los pacientes en sus casas y les midieron la variabilidad de la frecuencia cardíaca y los niveles de la hormona del estrés cortisol en la saliva.

Uno de cada cinco pacientes informó sentir angustia extrema y miedo a morir, mientras que dos tercios experimentaron reacciones emocionales más moderadas. El estudio halló que las personas más jóvenes, más pobres y solteras (lo que posiblemente indica aislamiento social) eran más propensas a tener reacciones intensas.

El miedo a morir se asoció con un aumento de cuatro veces en los niveles de TNF al momento de la admisión en el hospital. Tres semanas después, se halló que los niveles de TNF estaban relacionados con una menor variabilidad de la frecuencia cardíaca y con niveles más bajos de cortisol.

Los niveles más bajos de variabilidad de la frecuencia cardíaca se han asociado con tasas de mortalidad más altas después de un ataque cardíaco, mientras que los niveles más bajos de cortisol podrían indicar que el organismo no está en capacidad de revertir la inflamación causada por un ataque cardíaco.

Los investigadores se sorprendieron dado que haber tenido antes un ataque cardíaco no influyó en qué tan asustados estaban los pacientes.

"Este es un estudio muy pequeño, incluye mayormente a personas con ataques cardíacos STEMI y, para la mayoría de los pacientes, no se conoce toda la información clínica", comentó el Dr. Stephen Green, director adjunto de cardiología de North Shore University Hospital en Manhasset, Nueva York.

El estudio tampoco responde a la pregunta del "huevo y la gallina" en cuanto a si la angustia emocional causó los hallazgos biológicos o viceversa.

"El estudio provoca muchas ideas en términos de lo que los médicos deben hacer con los pacientes y lo que estos deben hacer para sí mismos y [direcciones para] investigaciones futuras. [Sin embargo] para mí es solo el principio y algo que no debe traducirse en la modificación de nuestras prácticas en este momento", comentó Green.

Importante estudio que puede dar brecha abierta a futuras investigaciones, como recomendación en esos momentos los famliares deben mostrar, así sea difícil, la mejor cara que tengan eso ayuda al paciente a sentirse mas seguro.

Atte: Od. David Sabino Giadressi.

FUENTES: Suzanne Steinbaum, D.O., cardióloga preventiva de Lenox Hill Hospital, ciudad de Nueva York; Robert Gramling, M.D., D.Sc., profesor adjunto de medicina de familia de University of Rochester Medical Center, Rochester, Nueva York; Stephen Green, M.D., director adjunto de cardiología de North Shore University Hospital en Manhasset, Nueva York; edición en línea del 1 de junio de 2011 de European Heart Journal
Publicar un comentario