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jueves, 10 de diciembre de 2009

-PASTILLA- Los antidepresivos podrían cambiar la personalidad

LUNES, 7 de diciembre (HealthDay News/DrTango) -- Tomar antidepresivos podría no sólo mejorarla depresión, sino también hacerle más extravertido y menos neurótico, sugiere una investigación reciente.

Se considera que la extraversión, que se asocia con emociones positivas, ayuda a proteger de la depresión, mientras que se piensa que el neuroticismo, la tendencia a experimentar emociones negativas e inestabilidad emocional, contribuye a la depresión.

Traducido del inglés: martes, 8 de diciembre, 2009
Volverse más extravertido y menos neurótico podría ayudar a prevenir la recaída en la depresión, apuntó el autor principal del estudio Tony Tang, profesor adjunto de psicología de la Universidad Northwestern en Evanston, Illinois.

"Las personalidades de la gente en realidad cambian, y muy sustancialmente, cuando pasan por estos tratamientos antidepresivos", afirmó Tang. "En el pasado, tendíamos a descartar los cambios en la personalidad como un efecto secundario o algo no muy importante. Pero nuestro estudio sugiere que en realidad es muy importante para los resultados del tratamiento".

La extraversión y el neuroticismo se asocian con el sistema de la serotonina, el centro de recompensas del cerebro que ayuda a regular el estado de ánimo, el sueño y el apetito. En este estudio, los participantes tomaron paroxetina, que se vende bajo la marca Paxil, un inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina (ISRS). Otros ISRS son Prozac, Zoloft y Celexa. Aunque esos fármacos no fueron evaluados, Tang dijo que el impacto sobre la personalidad probablemente sea similar.

Los hallazgos del estudio aparecen en la edición de diciembre de Archives of General Psychiatry.

Los investigadores dividieron a 240 adultos con un trastorno depresivo mayor en tres grupos: 120 recibieron paroxetina, 60 se sometieron a terapia cognitivo conductual, y 60 tomaron un placebo. Se evaluaron las personalidades y los síntomas de depresión antes, durante y tras el tratamiento.

Todos los grupos experimentaron cierta mejora en su depresión. Pero los participantes que tomaron paroxetina se hicieron menos neuróticos y más extravertidos que los que recibieron terapia cognitiva o un placebo.

Tang señaló que no es que los pacientes deprimidos se convirtieran en despreocupadas mariposas sociales. En escalas de extraversión y neuroticismo, sus niveles apenas estaban en el rango normal, pero era mejores que antes.

La recaída tras dejar el tratamiento, o incluso mientras lo reciben, es un problema para los deprimidos. Alrededor de dos tercios de los pacientes recaen en un plazo de un año tras abandonar sus medicamentos, mientras que entre 45 y 50 por ciento recaen mientras aún los toman, advirtió Tang.

"Nuestros hallazgos parecen sugerir que uno de los muy buenos pronosticadores de qué tan bien le irá a alguien a largo plazo es cuánto cambia su personalidad en respuesta al medicamento", apuntó. "Por ejemplo, cuánto mejoró el neuroticismo predijo qué tan probable era que se recayera un año tras el tratamiento".

Bernard Carroll, director científico de la Pacific Behavioral Research Foundation de Carmel, California, aseguró que cualquier emoción sobre los resultados debe templarse con el hecho de que las mejoras en la depresión por tomar paroxetina no fueron mucho mejor que con el placebo o la terapia cognitiva.

"El estudio confirma que la paroxetina no es un fármaco antidepresivo particularmente eficaz", lamentó Carroll, ex presidente del comité asesor sobre fármacos psiquiátricos de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) de EE. UU. "En esta muestra, apenas le ganó al placebo".

En vez de ello, la paroxetina se receta más comúnmente para trastornos de ansiedad, motivo por el que los investigadores podrían haber notado cambios en la personalidad. "La paroxetina no sería la primera opción para tratar la depresión de nadie", aseguró Carroll. "Pero tal vez tenga sentido que mejorar ciertas dimensiones de la personalidad ayude a la resistencia del paciente contra recaídas futuras".

Decidir si tomar un ISRS o no tiene que sopesarse contra los posibles efectos secundarios, advirtió Carroll, al citar un estudio reciente en la revista British Journal of Psychiatry que encontró que muchas personas que toman ISRS reportaban sentir que los medicamentos habían embotado sus emociones, tanto las negativas como las positivas. Otros efectos secundarios pueden incluir dolores de cabeza, cambios en el patrón de sueño, molestias gastrointestinales y cambios en la función sexual, según la información de respaldo de ese estudio.

"El asunto de que los fármacos afecten la personalidad no es necesariamente del todo bueno", enfatizó Carroll.

En otro estudio que aparece en la edición de diciembre de la revista Archives of General Psychiatry, los pacientes de trastorno bipolar que tomaban fármacos antiepilépticos no tuvieron un mayor riesgo de suicidio.

Los anticonvulsivos, que incluyen a la gabapentina, pregabalina, topiramato y carbamazepina, no se usan sólo para tratar la epilepsia, sino también trastornos de los nervios y trastorno bipolar, según la información de respaldo del estudio.

El año pasado, la FDA advirtió sobre un mayor riesgo de pensamientos y conductas suicidas relacionado con el uso de fármacos anticonvulsivos, pero votó para no requerir una advertencia de recuadro negro sobre el riesgo de suicidio.

Investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago analizaron datos sobre 47,918 pacientes de trastorno bipolar, de los cuales 13,385 recibían uno de once medicamentos anticonvulsivos, mientras que los demás recibían litio u otro tratamiento.

Los índices de suicidio entre los que tomaban los anticonvulsivos no fueron mayores que los de quienes tomaban litio o no recibían tratamiento. Y en cuanto a los pacientes que tomaban anticonvulsivos, los índices de suicidio eran cinco veces superiores antes de comenzar el tratamiento que tras hacerlo.

Los investigadores dijeron que es más probable que a los que tienen enfermedad más grave se les recete fármacos anticonvulsivos o litio.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

FUENTES: Tony Tang, Ph.D., adjunct professor, department of psychology, Northwestern University, Evanston, Ill.; Bernard Carroll, M.D., scientific director, Pacific Behavioral Research Foundation, Carmel, Calif.; December 2009, Archives of General Psychiatry

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