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jueves, 20 de septiembre de 2007

-CEPILLO-Doce preguntas a un odontólogo


Una buena higiene bucal evita focos de infección que a largo plazo provocarían la pérdida de piezas dentales y la buena estética del rostro. Además, al igual que los ojos, la salud de la boca refleja el estado general del organismo.

Para conocer la importancia de acudir por lo menos dos veces al año a una revisión dental, se conversó con el cirujano dentista, patólogo oral y maxilofacial Óscar Toralla, catedrático de la Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos, Usac, y fundador, hace nueve años, de una clínica dental para atender a personas con VIH-sida.

Además de las caries, ¿qué otras enfermedades se detectan con una revisión bucal?

Hay padecimientos infecciosos como la leucoplasia vellosa (placa blanca que surge en los bordes laterales de la lengua y que no se desprende al raspado) que en el 90 por ciento de los casos indica la presencia de VIH. A través de un buen examen de la cavidad oral también puede detectarse la diabetes, ya que ésta predispone el desarrollo de candidiasis oral (manchas blancas).

¿Llega la gente a consulta por estos padecimientos?

No. La mayoría de personas viene por dolor. El grupo que le sigue busca saber si tiene caries. Sin embargo, mucha gente, por múltiples factores, tiene temor de ir al consultorio de un dentista y desconoce que el examen bucal es importante no sólo para revisar los dientes sino la boca en general, porque la mayoría de padecimientos que surgen en ésta no producen síntomas.

¿Por qué se interesó en atender a personas con VIH-sida?

Cuando efectuaba mis últimas prácticas de odontología, un compañero me contó que otra estudiante se había negado a atender a un paciente con VIH. Además, la respuesta de las autoridades universitarias de esa época también fue negativa. Esta actitud me hizo tomar la decisión de hacer algo al respecto, porque si aquí no nos enseñan a atender a estos pacientes, “¿dónde?”, me pregunté.

¿Por qué hay médicos y estudiantes de medicina que discriminan a estas personas?

Pura ignorancia, y es irónico. Cómo puede explicarse que si llego a un consultorio dental y con responsabilidad informo que soy una persona con VIH, la respuesta que reciba sea: “venga más tarde”, “el sábado” o simplemente, “no lo atenderemos”. Pero si me quedo callado, entonces me dicen “¡pase adelante!”.

¿Cuál es el temor, si un dentista debe tener las mismas medidas de higiene con todas las personas?

¡Por supuesto! Los instrumentos se esterilizan por igual y los que entran en contacto con sangre son desechables. Las precauciones higiénicas se deben tomar con todo paciente. Si alguien le dice lo contrario, significa que sus medidas preventivas son pésimas y que atienden mal a quien supuestamente está saludable.

¿Qué otras enfermedades podrían transmitirse si no hay higiene?

La hepatitis C. Incluso los dentistas podríamos estar más propensos a adquirir esta enfermedad, porque contrario al virus del VIH, el de la hepatitis sí sobrevive hasta 48 horas al aire libre.

¿Qué pasó después de enterarse que en la universidad se negaron a atender a una persona con VIH?

Yo quería ser cirujano, pero al darme cuenta de la situación decidí estudiar patología oral, es decir, todas las enfermedades que pueden presentarse en la boca, y casualmente al terminar la carrera en México, en 1996, me dieron una plaza como catedrático en la Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos.

A los cinco meses conocí al infectólogo Eduardo Arathoon, quien tiene a su cargo la clínica Luis Ángel García, del Hospital General San Juan de Dios. Él me comentó la manera con la que discriminan en los consultorios médicos a las personas con VIH, así que le hablé sobre mis intenciones de instalar una clínica dental para estos pacientes. Como allí no había espacio, busqué apoyo con las autoridades de la facultad y me dieron un ambiente en el Paraninfo.

¿De qué manera involucró a los estudiantes?

Debido a que existe mucha ignorancia en el gremio médico sobre la temática, decidí educar a los futuros egresados de la Facultad de Odontología. Sin embargo, en esa época (1998-1999), los mismos padres de familia se comunicaron vía telefónica con el decano, con las emisoras radiales del país y se quejaron de que a sus hijos los estuvieran enviando a trabajar con pacientes con VIH.

¡Imagínese! Estas personas llegaban confiadas para recibir atención y cumplían con hablar sobre su condición, pero lo que recibían era rechazo. Incluso en la misma facultad donde trabajo hubo docentes que me hablaron para que parara el programa. Ante la presión opté por convocar sólo a estudiantes voluntarios.

¿Continúa con esa misma política?

En los últimos dos años ha crecido la cantidad de pacientes con VIH, así que retomé el proyecto para que participen los estudiantes del último año de la carrera, ya que es importante sensibilizarlos. Ellos tienen la idea de que estas personas llegarán a consulta con todas las enfermedades que indican los libros, mientras que la realidad es otra.

¿La clínica todavía está ubicada en el Paraninfo?

No. Debido a los señalamientos que le hacían al proyecto, acepté la propuesta de instalar la clínica en la sede de la Asociación Gente Nueva, fundada por personas con VIH. Ahora es aquí a donde acuden los estudiantes a colaborar. La consulta la brindamos tres veces a la semana y atendemos un promedio de 60 pacientes al mes.

Como la mayoría llega referida por otros pacientes y de los hospitales nacionales, muchos están controlados y no presentan las lesiones bucales que podrían padecer sin tratamiento. Por supuesto, si hay alguna infección, la atendemos y le sugerimos a la persona que hable con su médico para determinar si los medicamentos prescritos están actuando como debieran.

¿Cuál ha sido la respuesta de los estudiantes?

Muy buena. El año pasado pasé una encuesta sobre las prácticas que efectúan en el año y en ésta indicaron que les había gustado más la de trabajar con pacientes VIH. Incluso expresaron querer ir más veces al año, porque sólo lo hacen una vez. Sin embargo, para ello se necesitaría ampliar las instalaciones y comprar más equipo.

¿Ha pensado en obtener ayuda a través de donaciones?

He tenido más apoyo del extranjero que a nivel nacional. Salvo algunas excepciones, la mayoría de gente sólo me ha prometido ayuda, pero allí se queda todo.

Por eso, aunque mi mayor sueño es construir una clínica dental más grande que dignifique la atención de las personas con VIH, los primeros pasos ya están dados. Ahora sólo me queda esperar para saber si el proyecto de la clínica logra obtener el primer lugar del concurso internacional Founders Awards, que otorga Gap Internacional a proyectos sociales.

Como quedamos entre los tres finalistas, además de un grupo de Hong Kong y otro de San Francisco, Estados Unidos, cada uno con sus respectivas propuestas para distintos objetivos, la semana próxima vendrá un jurado calificador a evaluar lo que se tiene, lo que falta y lo que se espera. A ver qué pasa.

Óscar Toralla: 2331-5657, otoralla@hotmail.com.

Frase

“Hay que dignificar la atención para las personas con VIH-sida”. - Óscar Toralla.

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