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domingo, 22 de julio de 2007

-PASTILLA- Ojo con el sobrepeso


Si lo único que piensa es en comer, y no sólo que lo tiene en mente sino que lo lleva a la acción, es hora de tomar sobre los riesgos que esto trae a su salud. El problema no radica en la cantidad de comida, sino en la calidad y frecuencia de la misma. Además, en muchas ocasiones el sobrepeso está ligado a un estilo de vida sedentario y sin actividad física.

La obesidad es definida como el exceso de grasa con relación a la composición corporal total del individuo, de acuerdo con los índices estandarizados para una población. El cálculo se realiza a través del Índice de Masa Corporal que es un índice del peso de una persona en relación con su altura, y a pesar de que no hace distinción entre los componentes grasos y no grasos de la masa corporal total, éste es el método más práctico para evaluar el grado de riesgo asociado con la obesidad, la cual puede estar asociada a razones genéticas, metabólicas, psicológicas, socioculturales, sedentarismo, neuroendocrinas, medicamentosas, nutrición altamente calórica o multifactoriales.

Existe la creencia de que la obesidad se refleja sólo en el peso de la persona y en una apariencia “gorda”, pero se desconocen todos los efectos que pueden tener esos kilos de más en la salud. Las secuelas cardiovasculares son las más mencionadas que abarcan hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca, ateroesclerosis, enfermedad coronaria e insuficiencia venosa. Mientras la insuficiencia cardiaca se presenta ya que el corazón presenta dificultad para poder llevar por todo el organismo a la sangre, teniendo que hacer un gran esfuerzo contra la resistencia que le ofrece un cuerpo con obesidad.

Se dice que cuando la relación cintura-cadera es mayor a 0.80, la frecuencia de problemas cardiovasculares y de presión arterial elevada es mayor.

Según indica la Federación Internacional de Diabetes, los valores normales de medición de la cintura en hombres es de 90 centímetros, mientras que en las mujeres es de 80 centímetros.

También se le relaciona con la ateroesclerosis (endurecimiento de las arterias) porque el exceso de grasa circulante en la sangre, obstruye mas rápidamente y de manera más importante todas las arterias, especialmente las arterias coronarias que son las que irrigan al corazón. Así como la obesidad provoca que las venas, especialmente de los miembros inferiores, tengan que hacer un esfuerzo mayor para llevar la sangre de la periferia al corazón, lo que va a producir la insuficiencia venosa que se manifiesta con las várices ya que cada vez se van debilitando las paredes de las venas. Tal como ocurre en el caso de las arterias del cerebro donde se va depositando la grasa y puede conllevar a que el paciente sufra un accidente vascular cerebral.

Daños múltiples

La piel también es víctima de la obesidad ya que debido a la acumulación de grasa en el tejido subcutáneo, llega un momento en que la piel – compuesta por la elastina que le proporciona cierta capacidad para su elasticidad – llega a cierto límite y es cuando este tejido se rompe y aparecen las estrías. Durante el sobrepeso ocurren cambios en el sistema endocrino, tanto en las glándulas centrales como en las glándulas sudoríparas y sebáceas en la piel, lo que genera un mayor crecimiento de vello en diversas partes del cuerpo y esto se conoce como hirsutismo; al igual que aumenta la sudoración y debido a la obesidad se presentan en las zonas de roce los furúnculos y en las zonas de pliegues empiezan a aparecer infecciones por hongos.

El estómago también padece las consecuencias de una ingesta desproporcionada de alimentos, ya que se inflama la mucosa de éste provocando gastritis y, debido a la gran cantidad de comida, el ángulo esofagogástrico se debilita y permite que el ácido del estómago se regrese hacia el esófago provocando el reflujo esofágico. Mientras el hígado se vuelve incapaz de metabolizar toda la grasa y se empieza a acumular en las células del hígado, presentando el conocido hígado graso.

La función de la vejiga que al ser elástica, sirve para acumular una gran cantidad de orina y debido al problema de obesidad, la vejiga se ve comprimida y se vuelve insuficiente para retener la orina, presentándose la incontinencia urinaria.

Así como por el exceso de alimentos, el riñón se vuelve insuficiente para eliminar los desechos metabólicos y se van acumulando presentándose los cálculos renales; sin dejar de lado las alteraciones hormonales importantes, que en la mujer pueden provocar que se altere el proceso de ovulación y por consiguiente la menstruación, mientras en el hombre se puede presentar el cáncer de próstata.

Cambiar para prevenir

Lo importante para tratar este tipo de padecimientos es identificar la causa principal y asistir a un especialista para que indique los pasos a seguir. Luego la persona debe estar consciente de que si desea vivir más y mejor, debe introducir un cambio en su estilo de vida, desde sus hábitos alimenticios hasta incorporar ejercicio físico diario para evitar que se acumule la grasa y por ende que aparezcan las enfermedades antes mencionadas.

Algunas recomendaciones serían aprender cómo algunos alimentos pueden ser substituidos por otros de menor valor calórico y más saludables. Identificar y modificar patrones de vida que puedan desencadenar en un problema de obesidad. Es importante que reconozca la diferencia entre hambre y antojo: si se tiene la sensación de traer algo en la boca esto NO es hambre; si la sensación viene desde el estómago sí puede ser hambre, para lo cual puede comer algo bajo en calorías en pequeños trozos o cucharaditas y masticar varias veces los bocados. Así como incrementar el consumo de agua y la práctica de ejercicios o simplemente caminar.

Fecha publicada: 20/07/2007
Fuente: Quinto Día
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